MISES Y POPPER

Les propongo un nuevo debate: mis “muy opinables” opiniones  sobre Mises y Popper en http://www.hayek.org.ar/new/images/fotos/NOMOI05RevistaDigitalD2.pdf pp. 19-22.  Se los transcribo completo para mayor facilidad:

MISES Y POPPER

Por Gabriel J. Zanotti

Para “NOMOI”

Febrero de 2009.

  1. Introducción y metodología a usar.

Ultimamente se han escrito interesantes propuestas de acercamiento entre el pensamiento de dos grandes pensadores que, “a priori”, no parecerían tener nada que ver: Mises y Popper. Al menos, de lo que he podido ver recientemente, así lo testimonian las reflexiones de Ivo Sarjanovic, Francesco Di Iorio, y Rafe Champion. Dado que Mises y Popper son dos autores a los cuales he dedicado gran parte de mis estudios epistemológicos, quisiera, como intentio auctoris, poner mi granito de arena en la cuestión, que espero que no sea, en la intentio lectoris, un granito de confusión.

Pero precisamente, de intentio auctoris (lo que el autor quiso decir) y de intentio lectoris (lo que el lector lee) se trata la metodología que vamos a utilizar en ese breve artículo. Muy influenciados por gran parte de la hermenéutica actual (Eco, Gadamer) confesamos nuestro gran escepticismo sobre lograr la certeza de lo que un autor quiso decir, o al menos como habitualmente se lo intenta (no nos estamos refiriendo a ninguno de los autores citados), esto es, con citas textuales que estarían ellas mismas libres de interpretación, como si la historia del pensamiento lograra aquella “base empírica” que el primer inductivismo pretendía, libre de teoría. Imposible. Pero ello no es una mala noticia: conduce simplemente a otro tipo de intentio, la intentio lectoris, donde el lector es, por un lado, conciente de que nunca sale de conjeturas interpretativas, y, por el otro, la lectura de un autor se realiza para solucionar algún problema real más que cuestiones nominales. Y que si podemos inclinarnos de la conjetura a la certeza, en algún autor, es porque hemos habitado su casa (Heidegger) cosa que poco tiene que ver, otra vez, con un positivismo de textos de su pensamiento. Si con esto estamos rompiendo normas habitualmente practicadas (Feyerabend) es porque pensamos que ello es clave para el progreso; asumimos el riesgo de un programa de investigación regresivo (Lakatos) y agradecemos a las autoridades de NOMOI que nos permitan tan insólito procedimiento. Por lo tanto, de aquí para el final el lector no verá ninguna cita textual ni de ningún otro tipo.

  1. Situación histórica de ambos autores.

Si los autores que intentan reconciliar las diferencias entre ambos autores tienen que trabajar tanto es que son, efectivamente, muy diferentes.

Mises no salió nunca de su formación básica en las “ciencias del espíritu” al estilo Weber –autor clave para entender históricamente a Mises-. Su paso por Menger no sólo enfatizó su metodología de trabajar los conceptos básicos de la teoría como eje central de cualquier ciencia social, sino que además corroboró para siempre sus dos “enemigos” básicos: el positivismo, por un lado, y el historicismo, por el otro, contra el cual siguió luchando hasta su penúltimo libro en 1957, cuando ya la batalla contra el historicismo alemán formaba parte de la historia del pensamiento. Siempre consideró que el inductivismo era posible en el ámbito de las ciencias naturales y heredó del neokantismo weberiano el rechazo a toda metafísica.

Popper, nacido 21 años después en Viena, habitaba otro mundo (“mundo” en el sentido Husserl/Gadamer). Su marco de referencia, en sus primeros 40 años más o menos, fueron las ciencias naturales, la matemática, el positivismo del Círculo de Viena, y sus primeros enfrentamientos con una de sus tesis centrales, a saber, la inducción. Los temas sociales aparecen en su horizonte, al menos en cuanto a lo académico (no en cuanto a lo vital) entre 1942 y 1944, cuando escribe La Miseria de Historicismo y la famosa Sociedad Abierta. El lugar que sigue ocupando allí lo conjetural no parece tener mucho que ver con las fuertes certezas misianas tanto en lo económico como en lo político, y las preocupaciones posteriores de Popper son, sobre todo, el afianzamiento de su propio método, por un lado, sus preocupaciones respecto al evolucionismo, la teoría cuántica, el mundo 3, el universo abierto y, por el otro, sus debates con Kuhn, Lakatos y Adorno.

Es relativamente obvio, al menos a primera vista, que los horizontes de ambos autores no se cruzan y que una mínima noticia que tuvieran el uno del otro iba a generar obvios malentendidos.

  1. La interpretación habitual de ambos.

Pero, para colmo, ambos autores han generado discípulos que enfatizan aspectos de sus pensamientos que son demasiado contrapuestos. De Popper es habitual enfatizar la conjeturalidad del conocimiento humano, por un lado (como base tanto de su epistemología como de su filosofía política) como la importancia del testeo empírico, no como inducción pero sí como falsación. El Popper de la ética del diálogo casi no se menciona (Artigas y Boland podrían ser excepciones) y varios de sus discípulos consideran a Kuhn, Lakatos y Feyerabend más o menos como símbolos de la degeneración epistemológica. En el caso de Mises, creo que la “interpretación Rothbard” es lo habitual. La certeza del conocimiento humano, tanto en su punto de partida como en su punto de llegada, no admite ninguna hipótesis auxiliar en el medio, el testeo empírico no tiene nada que hacer en ciencias sociales y si de ciencias naturales se trata, la inducción logra la certeza dado que hay constantes. Método axiomático-deductivo en ciencias sociales, método inductivo en ciencias naturales, certeza en ambos. Por el lado de Popper, método hipotético-deductivo en todas las ciencias, conjeturas en ambos. Obviamente, ambos grupos de discípulos han formado dos iglesias, como diría Feyerabend (la iglesia popperiana y la iglesia misiana) donde la excomunión mutua es obvia y donde varios discípulos claman por el legítimo derecho al pontificado y las auténticas interpretaciones de las auténticas enseñanzas del mesías.

  1. La ambivalencia de sus escritos.

Pero para colmo de problemas, los “extremistas” de ambos autores pueden encontrar en ambos citas textuales que aparentemente corroboran su interpretación. Sería muy interesante, y digno del método que no estamos siguiendo, la lista completa de citas donde Mises entroniza la certeza de los puntos de partida, de la deducción y de las conclusiones en economía, y la compara con las matemáticas. Y los textos más fuertes al respecto no son en obras marginales; son en La Acción Humana y en las dos específicamente dedicadas a la epistemología de la economía: Epistemological Problems y The Ultimate Foundation. Por el lado de Popper, los textos que enfatizan la conjeturalidad como eje central del conocimiento humano –no sólo de la física- son incontables; de igual modo sucede con los textos que hablan de la importancia de la falsación empírica.

Por supuesto, lo interesante es que al lado de esos textos tenemos otros textos que parecen o moderar, o poner en tensión, o enriquecer, o hacer inconsistente, (allí cada lector dirá…..) al pensamiento del autor. En el caso de Mises, sus referencias a las “condiciones del mundo real” han sido la cruz de sus intérpretes, sobre todo porque él mismo las coloca como condición para seguir deduciendo…. Su referencia a las tendencias (no necesarias) de los empresarios para explicar el proceso de mercado, a los factores psicológicos (no praxeológicos) en el caso de los sistemas bancarios; al manejo de las expectativas para la teoría del ciclo…. Y eso para hablar de la parte teórica: en sus escritos de coyuntura, los “lost papers”, como asesor de la Cámara de Comercio Vienés, sus referencias a la realidad concreta, incluso con números, son permanentes, de igual modo que en su seminal libro La Teoría de la moneda y el crédito, sin aclarar, por parte de Mises, si ese “enroque” con las circunstancias concretas son condición necesaria para la elaboración y-o corroboración de la teoría. De igual modo sucede en sus propuestas específicas de política económica, como en su propuesta de reforma monetaria del 52 o en su propuesta de reforma para México, del 43. Claro que cualquier “misiano practicante” nos puede decir que…. Pero el asunto es que el texto no lo decía….

En el caso de Popper, idem. Sus referencias a sus propios programas metafísicos de investigación, la no falsabilidad empírica de los mismos y la certeza de los mismos (me refiero a la certeza y no falsabilidad empírica del realismo, del libre albedrío, del mundo 3, del indeterminismo, de la lógica…); su famoso principio de racionalidad en ciencias sociales; su ética del diálogo, su actitud racional como mandamiento moral, su importantísima referencia a la interpretación como carga de teoría de toda base empírica (tema al cual volveremos)…. Son todos temas que parecen alejarse del Popper unívoco de conjeturas y refutaciones, que parecía casi sólo a Hempel excepto en la falsabilidad. De vuelta: ¿riqueza de pensamiento o mera inconsistencia? ¿Qué “texto” puede responder la pregunta?

5. Motivos de la ambivalencia.

¿Pero por qué, en ambos casos, esa “doble personalidad”, que tanto desconcierto puede llegar a causar? Creemos que, en ambos casos, los autores visualizaron una interacción entre “teoría y mundo” mucho más profunda que lo que sus herramientas linguísticas (heredadas a su vez de sus horizontes históricos, punto 2) les permitían explicar y expresar. En el caso de Mises, había un manejo de la realidad concreta al estilo Menger, donde la definición del concepto en cuestión era condición necesaria para poder manejarse en el mundo real de fenómenos complejos (“fenómenos complejos” es expresión de Mises, en La Acción Humana). Por eso se maneja después con tanta comodidad como economista de coyuntura. En el caso de Popper, la afirmación de que toda experiencia “empírica” (sea ello lo que fuere) está cargada de teoría lo lleva a una concepción de las ciencias donde éstas siempre deben manejarse con una teoría “a priori”. Esta es la coincidencia fundamental, no intentada, entre ambos autores, y que Sarjanovic, Di Iorio y Champion no se cansan de resaltar. O sea, ambos autores sostienen que toda teoría es “de algún modo” a priori. Pero, al defender esa posición, no advirtieron (ambos) que se estaban introduciendo en el eje central de una fenomenología y una hermenéutica que, si la conocían, lo era desde los preconceptos negativos que las metafísicas continentales les inspiraban. Vayamos entonces al siguiente punto.

  1. El salto hermenéutico en ambos autores.

Comencemos por lo más sencillo. Mises dice que el testeo empírico es imposible en ciencias sociales. Obvio, porque se estaba refiriendo al testeo empírico tal cual el inductivismo lo entiende, que es imposible comenzando por las ciencias naturales. Boettke y Ebeling habían visto esto con claridad, cuando tiempo atrás se dedicaron a estas cosas llevados de la mano hermenéutica por Lachmann y Don Lavoie. Y Popper, desde luego, hubiera coincidido. Si por testeo empírico se entiende que una inducción hará posible la “prueba” de la hipótesis, ello es imposible en todas las ciencias. Hayek recoge explícitamente esta enseñanza en su prefacio a Studies de 1967.

Pero, se me dirá, Popper sostiene el testeo empírico como falsación. Si, claro, pero ese testeo empírico: a) tiene una base empírica que ya está interpretada por la teoría que se quiere falsar (círculo vicioso o….. Círculo hermenéutico?), b) no es necesario desde un punto de vista lógico. Cuando Popper se defiende de las acusaciones de falsacionismo ingenuo (lanzadas sobre todo por los niñitos malos Kuhn, Lakatos y Feyerabend) afirma la misma tesis Duhem que nada simpática le resultaba en sus primeros tiempos. La falsación no es necesaria porque es la negación de un conjunto n de n conjeturas + n condiciones iniciales. Entonces, ¿qué pasa con el testeo empírico? Popper no pudo llegar más allá. Lakatos intentó distinguir un programa empíricamente progresivo de otro regresivo, pero ante las incisivas críticas de su amigo Feyerabend tuvo que reconocer que uno podía permanecer en un programa de investigación regresivo “siempre que reconociera el riesgo”, con lo cual Feyerabend tuvo más argumentos para lo suyo: no se trata de testeo empírico, sino de proceder contra-inductivamente, de re-interpretar el mundo según una teoría que “nos parece” correcta. Pero ello no es muy diferente de la hermenéutica continental: el horizonte de precomprensión constituye al mundo; no podría ser “refutado” por él. Que toda teoría es a priori es, en ese sentido, como decir que no hay hechos desnudos de interpretación. Siempre “vemos” a través de una teoría (Husserl); “mundo” (Husserl); “horizonte” (Gadamer), que Popper llamó “conjetura”, Kuhn “paradigma”, Lakatos “programa” y Feyerabend “proceder contrainductivo”. Si no, estamos ciegos. Toda teoría, claro, se puede “criticar”, “contradecir”, desde otra teoría. Pero, ¿no es acaso ello algo que Mises hubiera aceptado respecto de los axiomas y-o de la cadena deductiva? ¿No fue acaso esa la defensa que Machlup hace de Mises cuando Hutchison acusa al aprirismo de dogmático e ideológico? ¿Y no es acaso lo que el último Popper afirmó permanentemente de la racionalidad crítica y de la actitud dialógica?

Esto último es importante, porque toda visión del mundo puede ser criticada pero no necesariamente. Los horizontes, los mundos, los paradigmas, las creencias (Ortega) no se critican a sí mismos. Ello no es mala noticia desde el punto de vista de que por eso entran en crisis (Kuhn). Pero desde un punto de vista ético, entonces sí son importantes estas distinciones: actitud natural y actitud teorética (Husserl); comunicación, comprensión, de horizontes (Gadamer), actitud dialógica (Popper). Ese es el legado perenne de Popper: incorporar la crítica en nuestras concepciones del mundo. Y en ese sentido tiene razón Boland: es más importante el Popper socrático que el Popper metodólogo.

Pero, retomando, no hay testeo empírico como hechos vs. teorías, incluso en el sentido de aquella falsabilidad empírica del primer Popper, ya afortunadamente “advertida” por el mismo Popper de ser “theory-laden”. Lo que hay es teoría y crítica de la teoría desde la propia teoría o desde otra. Eso es lo que hizo Copérnico con Ptolomeo. No hay “hechos” que verifiquen o refuten teorías. La ilusión óptica de lo contrario se produce porque no advertimos la interpretación del mundo social y físico que permanentemente hacemos a partir de nuestros horizontes teoréticos. Pero ello era obvio para la hermenéutica continental, con la cual Mises y Popper estaban lamentablemente incomunicados (y viceversa), y es lo que Koyré y Kuhn se pasaron explicando toda su vida para las ciencias naturales.

Por lo tanto, lo que une totalmente a ambos autores es que ambos vieron, con las limitaciones de su propio paradigma, un tema hermenéutico central, y no tuvieron ningún problema en dar ese “salto hermenéutico” que los colocó a ambos muy por afuera y por delante de su propio tiempo. Lo mejor que podrían hacer sus seguidores es continuar ese camino, más que convertirse en pontífices de nuevas religiones académicas.

EL ORDEN ESPONTÁNEO, ¿ES INTUITIVO?

Hace tiempo que me estoy planteando esta cuestión y ya van dos veces que contesto “no”.

Ante todo lo que quiero decir: la idea hayekiana de orden espontáneo, ¿es fácil de ver? ¿Es sencillamente comprensible para cualquier persona, altamente educada o no, que NO haya conocido la obra de Hayek?

Mi respuesta ha sido siempre “no”.

La primera vez que lo dije fue cuando comenté la autobiografía de Carlos Sabino, donde él mismo cuenta el largo camino que tuvo que recorrer para ir hacia el liberalismo clásico desde otros paradigmas altamente sofisticados. Tuvo que hacer una revolución mental similar a la revolución copernicana, que fue pasar del paradigma ptolemaico al paradigma copernicano. Nada intuitivo, por cierto, requirió un gran esfuerzo personal.

La segunda vez fue hace poco, en la revista digital “Controlando al Leviathan”, donde me preguntaba “qué pasa” con las ideas liberales. El lector lo puede ver en http://www.hayek.org.ar/new/es/temp_novedad.php?idcontenido=1049&PHPSESSID=668e178187ffba84bc285c83b0bb8aea

Lo dije también en el libro “Elementos de Economía Política”, junto con Adrián Ravier y Martín Krause, cuando deslicé una hipótesis de psicología infantil sobre la dificultad de visualizar el fenómeno de la escasez. Referí allí a la escena infantil habitual de los niños peleando por una misma cosa y el padre poniendo “orden” y “repartiendo” o “racionando” las porciones correspondientes. Lo primero que tenemos en nuestra memoria es, habitualmente, a un “padre” aplicando la justicia distributiva. Los niños dicen habitualmente, hasta cierta edad, “dame de tomar”, hasta que, claro, ellos mismos abran la heladera y se sirvan. Pero ello no va a implicar que en su madurez vean al orden espontáneo, al estilo “yo, un lápiz” que conlleva el conocimiento concentrado de ese mismo artefacto, más su producción y comercialización (y a eso agreguemos: suponiendo que la heladera esté llena….). Es más, posiblemente breguen por un “derecho a la heladera”….

Pero mi hipótesis es algo muy simple, pues se trata de un simple recuerdo a nivel consciente. Lo más invisible son precisamente los procesos evolutivos del yo que conducen a un complejo resultado explicado por Freud. Esto es, como un resultado de la ambivalencia de la figura paterna, introyectarla, convertirse en el padre, y luego proyectarlo sobre otra imagen paterna sustituya que se da en el “jefe de la horda”. Cuanto más débil es el yo, es más probable que realice este proceso identificatorio inconsciente como un síntoma de una relación con el padre mal elaborada. Y eso explica, como bien lo dice Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” [1921] la mayor parte de los fenómenos de masas.

No es la única explicación, desde luego, y no se aplica a todos los casos, desde luego, pero cuando pensamos en los fenómenos de masas asociados a los diversos autoritarismos y totalitarismos, da algo de luz. Pero no sólo en esos fenómenos, sino también en los populismos latinoamericanos o en las democracias anglosajonas, se dan igualmente fenómenos de liderazgo social donde las masas depositan en un líder sus aspiraciones más profundas, y le siguen pidiendo al “líder” el “otorgamiento” de ciertas condiciones de vida que ni se les ocurre que, precisamente, jamás de un líder, sea quien fuere, podrían proceder….

¿Dónde está allí la idea de orden espontáneo?

A partir de aquí podríamos seguir. ¿Qué hacer entonces? Pero lo que quiero ofrecer para el debate es mi diagnóstico. ¿Estoy equivocado? La verdad, ojalá, porque en ese caso la comprensión de lo que Hayek –y toda la EA- intentaron decir sería más fácil. Pero parece que no es así. Aunque haya en las sociedades órdenes espontáneos, la “idea” (no la “creencia”) del orden espontánea NO es espontánea. Y, sobre todo, en los momentos de crisis, como en los actuales, tal vez menos, donde las gentes miran nuevamente desesperadamente al “padre” que “podrá orden”….

¿Estoy equivocado? Espero las respuestas. Me dirán que si no estoy equivocado las conclusiones no son precisamente optimistas….

Gabriel  Zanotti.

Greenspan: ¿fue el causante de la crisis?

ver

http://www.institutoacton.com.ar/articulos/jrallo/artrallo1.pdf

Salvar o no salvar a los bancos, esa es la cuestión

Si uno no hace un correcto diagnóstico de un problema, jamás encontrará una solución al mismo. Dirigentes políticos y académicos de renombre están proponiendo nacionalizar la banca americana. Obama ya empezó a emprender este camino nacionalizando parcialmente el Citibank. Paul Krugman y Nouriel Roubini, prestigiosos economistas, recomiendan al gobierno la nacionalización. ¿Qué respuesta ofrecemos los defensores de la Escuela Austríaca de Economía? ¿Qué recomendación daríamos los austríacos ante esta situación?

La teoría whig de la historia de las ciencia

Un alumno le consultó a Gregory Mankiw, cuál era su opinión sobre “La Acción Humana” de Ludwig von Mises. Su respuesta fue franca: “no lo he leído”. Pero a paso siguiente ofreció una justificación: “En Economía se asume que cualquier cosa escrita hace más de 20 ó 30 años es irrelevante”. En la misma línea que Mankiw encontramos a al menos dos premios Nobel: Paul Samuelson y George Stigler.

La concepción de estos tres consagrados economistas es lo que Murray Rothbard ha llamado “la teoría whig de la historia de la ciencia”, esto es, la creencia de que los economistas modernos han leído, asimilado e integrado la totalidad de los conocimientos elaborados con anterioridad y que, por tanto, la evolución de la ciencia sigue siempre un curso ascendente, progresivo y lineal.

Kuhn y Lakatos, por su parte, explicaron que no hay razones para que la ciencia siga necesariamente un curso progresivo, sino que, con frecuencia, los científicos sociales se encierran en sus paradigmas y tratan de reforzarlos y perpetuarlos, incluso mediante degeneraciones teóricas.

Los invitamos a opinar sobre este debate crucial para la filosofía de la ciencia en general, y para la epistemología de la economía en particular.

El origen del estado

Creo que los austríacos en general estamos de acuerdo en que el estado no ha sido creado mediante un “contrato social”. Pero entonces, cuál es su origen: ¿fue creado por un orden espontáneo? ¿fue creado por la fuerza? ¿ha sido originado por la conquista y la explotación?

Entre aquellos que niegan que el estado haya sido originado en el orden espontáneo, se destaca Murray Rothbard y su libro “Anatomía del Estado”. Propongo debatir sobre la perspectiva que este libro presenta. Para los que no conocen el libro, este link provee una síntesis.

¿Qué análisis podemos hacer los austríacos del Obamanomics?

En su primer discurso como Presidente de EEUU Obama explicó al mundo que no restringiría los gastos durante la crisis. En un lenguaje keynesiano, que había que aumentar el gasto, para estimular la demanda agregada, y así crear empleo. Primer gran error.

El 9 de enero pasado, en la misma línea, sostuvo que ”no hay desacuerdo en que necesitamos acción por parte del gobierno: [por ejemplo] un plan de recuperación que ayude a relanzar la economía”. Se equivocaba: pocos días después, consultados por el Cato Institute, unos 200 economistas de las mejores universidades del país (incluídos tres Premios Nobel) le respondían por medio de una página publicada en The New York Times y en Wall Street Journal: ”Con el debido respeto, señor presidente, eso no es verdad”. Y luego expresaban brevemente sus razones: el aumento del gasto público en los años treinta no liquidó la ”gran depresión” ni contribuyó a solucionar la crisis de Japón en los noventa.

¿Cuál era el camino correcto para salir de la crisis? La mejor política fiscal para revitalizar el crecimiento de la economía consistía en reducir los impuestos y el peso del gobierno e iniciar reformas que eliminen los impedimentos al trabajo, al ahorro, a la inversión y a la producción.

La propuesta del BUY AMERICAN quedó atrás -gracias a la crítica de los mandatarios de la UE-, pero gradualmente es de esperar un mercantilismo creciente en la política económica americana.

¿Qué análisis podemos hacer los austríacos del Obamanomics?

DOCTOR ADRIÁN RAVIER

Nuestra primera entrada del 2009 tiene una muy buena noticia: Adrián Ravier se doctoró en Economía en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Su tesis, dirigida por Jesús Huerta de Soto, consistió en demostrar la existencia de una curva de Phillips “austríaca”, o sea, una relación directa entre inflación y desocupación. Felicitaciones al Doctor (Sobresaliente Cum Laude) Ravier. Esperemos que su tesis sirva para clarificar un tema clave y ayudar así a la ejecución de reformas monetarias que eliminen la posibilidad de inflación dando así mayores oportunidades de empleo.

 

Gabriel Zanotti.

HASTA FEBRERO

Deseando a todos un buen comienzo de año -nunca en equilibrio, pero tendiendo siempre a él :-) ) -, nos despedimos hasta Febrero de 2009, donde nuevamente nos encontraremos con temas y problemas de la Escuela Austría de Economía. Agradecemos a todos por su participación y nunca olvidemos que este libre ejercicio del pensamiento y de la crítica son la base de las nuevas ideas y del progreso de nuestro programa de investigación.

Gabriel Zanotti – Adrián Ravier.

MISES Y EL “MARKET PROCESS” en 1932

 

Que Mises es una de las fuentes de la teoría del “market process” vs. equilibrio, de Israel Kirzner, no hay duda. Pero, a la vez, si queremos avalar la famosa tesis de Kirzner sobre la toma de conciencia progresiva de la EA sobre sí misma, como “proceso vs. equilibrio”, hay cosas importantes que la avalan (no sólo el famoso final de “Investigations”…, de Menger, donde termina proponiendo un modelo de competencia perfecta para las “exact laws”).

Corría el año 1932. Mises era aún asesor de la Cámara de Comercio Vienés, y tiene un debate con Otto Conrad, donde este último le hace a Mises una típica crítica: que defiende una idea de “competencia irrestricta” que es irreal. “But all of this takes the idea of unrestrained competition s an assumption. The question arises as to whether or not competition in our economy is normally unrestricted, as Mises assumes, and therefore whether the customary, regular market price is the natural price, at which cost and price coincide” (1). El debate era interesantísimo, pues abarcaba temas como la función del empresario, el rol del equilibrio en los precios, el control de precios, monopolio, mercado laboral, etc. ¿Pero cómo responde Mises a esta crítica, a la que había antecedido la afirmación de que “Mises´s starting assumption is that the price that is formed on the unhampered market reflects a state of equilibrium in which price and cost coincide”(2)?

Estamos en 2008. Después del Austrial Revival de 1974, después de “Competition and Entrepreneurship”, “The Meaning of Market Process”; y “The Driving Force of the Market”, de Isreal Kirzner, todos contestaríamos de igual forma: que la competencia presupone proceso, no equilibrio, etc. ¿Pero cómo contestó Mises en 1932?

“…One of Conrad´s fundamental errors lies in his views concerning the consequenses of restrictions on competition. Restrictions of any sort of competition –included among production-intervening policies, according to the terminology that I introduced- diminish the social product, but they do not disrupt the functioning of the market. If the government orders that only the beneficiaries of its special privileges may practice a certain profession, e.g., that women can not be employed for night work, or that foreign goods can either not be imported at all or only upon payment of a tariff, then no doubt all of this influences the concrete configuration taken on by the prices of the market. But the market brings supply and demand together through changes in prices. To use Conrad´s expression, no economic paralysis occurs.

Hence the widely held view that only under free competition can the market work as the regulator of production is completely false. Liberalism demands freedom of competition because it expects from it the greatest possible productivity from the labor of society. But the fact that antiliberal policies restrict competition is not a rational argument for further government intervention, with the word “rational” meaning the purposes in mind of the initiatiors of the government intervention. If competition has been restricted and if as s consequence prices have risen, then a price-interventionist policy that is meant to bring prices back down to where they were before will work no differently than they would have worked in reference to price that had been formed under free competition.

Only with regard to monopoly prices –using this term in its legitimate and strict catallactic meaning- the situation is different. The difference between the higher monopoly price and the lower competitive price is open to government for intervention. But in the overwhelming number of cases referred to by Conrad, monopoly does not exist in this meaning –the only logical meaning- of the term.

Conrad refers to the “large gap between wholesale and retail prices and between factory and consumer prices” in order to prove the success that entrepreneuer have had with their resistance to every reduction in their prices. But he seems to have forgotten that this resistance can only be successful where –as in Germany and most specially in Austria- a specific, middle-class-oriented government interventionist policy makes it successful”(3).

Bien, ¿qué opinan?

—————

(Gabriel Zanotti)

 

 

 

<!–[if !supportLists]–>(1) <!–[endif]–>Ver Selected Writings of Ludwig von Mises, Edited and with and Introduction by Richard Ebeling, Liberty Fund, 2002, Vol. II, p. 194.

<!–[if !supportLists]–>(2) <!–[endif]–>Op.cit., p. 193.

<!–[if !supportLists]–>(3) <!–[endif]–>Op.cit., pp. 205-206.