Contra el free banking…

Hasta hace poco, en la búsqueda por un sistema monetario ideal, que termine con los ciclos económicos y que, al mismos tiempo, sea consistente con la libertad individual, la economía de mercado y la propiedad privada, teníamos (dentro de la EA) dos alternativas:

1. el free banking defendido, entre otros, por Lawrence White y George Selgin;

2.  la aplicación de un coeficiente de caja del 100 por cien, como han propuesto, entre otros, Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto.

En los últimos meses, sin embargo, a partir de la iniciativa de algunos economistas españoles del Instituto Juan de Mariana, ha surgido una tercera propuesta denominada “la teoría cualitativa del dinero”, la que se construye a partir de los escritos de Antal Fekete, y quien a su vez, parte de los aportes originales de Carl Menger.

En este caso, el economista español Juan Ramón Rallo ha publicado una serie de artículos en contra del free banking, y en particular de George Selgin, sobre los que nos gustaría debatir.

http://www.juandemariana.org/comentario/3526/george/selgin/confusion/dinero/ahorro/

http://www.juandemariana.org/comentario/3679/george/selgin/irrefrenable/iliquidez/descalce/

http://juandemariana.org/comentario/3805/libre/mercado/descalce/plazos/

JUAN ROBERTO BRENES

El Jueves 14 de este mes, en un trágico accidente, murió Juan Roberto Brenes, junto con Claudia de Araneda, Rafael Araneda y Helmut Wintzer. Sin olvidar de ninguna manera a Claudia, a su esposo Rafael y a Helmut, quisiera hoy referirme a JuanRo.

Juan Roberto fue un amigo entrañable. Con él compartí inolvidables períodos académicos en la Facultad de Economía de la UFM, y él fue parte importante de quienes hicieron de esos primeros viajes allí una de mis más importantes experiencias educativas.

Hablar de su bondad es decir poco. Decir que era un caballero, un amigo fiel, una sonrisa siempre dispuesta, un entusiasmo por la vida extraordinario, es decir poco. Todo ello ha sido destacado en estos días por todos sus amigos, pero sabe a poco, no por la poca profundidad de las palabras de sus amigos, sino porque revela una vez más la finitud de las palabras, de los textos, al lado de aspectos humanos de la existencia que, como diríamos en epistemología, son relativamente inconmensurables. Sólo cabe agregar que tenía un grado especial de santidad, perceptible desde la Fe. Una Fe, por otro lado, que le había sido dada en abundancia, y articulaba el eje central de su vida, sin altisonancias.

Pero hay un aspecto que yo quisiera particularmente destacar: su visión intelectual. El vio desde un principio, en un instante, la articulación, la no contradicción, entre el liberalismo clásico, como limitación al poder, y la Doctrina Social de la Iglesia. Lo vio con una claridad que le daba al mismo tiempo el conocimiento de la relevancia del tema. Y cuando digo “lo vio”, lo digo expresamente, porque el intelecto es fundamentalmente ese “ver”, ese ver que puede ser falible, si, y por eso todos nosotros corremos los riesgos de defender “lo visto” y exponernos a la crítica.

Fue la voluntad de Dios que él no tuviera tiempo, casi, de escribirlo. Pero yo, como testigo silente de su enorme capacidad intelectual, quiero dar testimonio, en este homenaje, de la profundidad y claridad de su visión, de la que pude ser testigo en conversaciones personales, durante muchos años, en esos extrañados momentos de paz y bondad que era encontrarse con él, sencillamente, a conversar.

La muerte es uno de los temas fundamentales de la filosofía y de mi reflexión filosófica. Una muerte como límite de lo humano y como encuentro con Dios. Pero, precisamente por ello, una muerte que no anestesia su dolor, sino que tiene sentido, que es diferente. Por eso, quiero manifestar públicamente mis lágrimas, mi quedarme mudo, en el silencio de mi llanto, cuando me enteré. Con toda la esperanza, sí, de que lo veré junto a Dios, y con todo el dolor de no encontrarme nunca más con él, en mi querida Guatemala, con en JuanRo de la carne y los huesos de este mundo.

¿Inflación o deflación en Estados Unidos?

La teoría austríaca del ciclo económico explica, a nuestro juicio de modo correcto, lo que está ocurriendo hoy en los Estados Unidos, y sus efectos sobre la economía global. (más detalles aquí)

Lo que aquí queremos debatir es si Estados Unidos registará en los próximos meses un proceso inflacionario o deflacionario.

La teoría mencionada explica que la crisis y depresión va acompañada por un proceso de deflación de precios, que es parte de un ajuste de mercado, donde se liquidan los proyectos originados en la distorsión de la tasa de interés.

Sin embargo, si el gobierno quiere aplicar una política monetaria expansiva para evitar el ajuste, y con ello el proceso de deflación de precios, puede ocurrir que la economía no muestre un descenso en el nivel general de precios, sino un nuevo proceso inflacionario. En otras palabras, podemos afirmar que la economía se introduce en un nuevo ciclo, antes que termine el anterior.

Esa es la pregunta: ¿Alcanzará la expansión monetaria y crediticia de la Reserva Federal para evitar la deflación?

El ajuste sigue su camino… ¿pero cuándo termina la crisis?

¿Cómo medir la eficacia de las políticas de estímulo o del nuevo New Deal que hoy lleva adelante el Gobierno norteamericano? Es una pregunta sin respuesta. Frédéric Bastiat explicaba en 1850 que podemos ver aquello que los planes del Estado hacen, pero no aquello que el sector privado habría hecho con esos mismos recursos.

Aun sin una respuesta concreta, ¿qué ocurriría si luego de gastar y gastar se viera que el desempleo y las quiebras empresariales siguen aumentando? Ante un eventual fracaso de estas políticas, el Gobierno norteamericano ya ensaya una respuesta: “Sin estas políticas, la crisis habría sido peor”.

A estas palabras, que seguramente escucharemos en el futuro por parte de Obama, Krugman ya les va preparando el terrano, afirmando que si todo esto fracasa, es porque Obama ha sido “demasiado prudente“. El premio Nobel trata de demostrar su afirmación mediante su particular interpretación de lo ocurrido en la crisis de los años 30. Tras la Gran Depresión, Hoover primero y Roosevelt después, se quedaron cortos con el gasto. Por eso, diría Krugman, Estados Unidos no terminó de salir de la crisis hasta comenzada la Segunda Guerra Mundial. Fue en ese momento cuando el Gobierno emprendió un gasto ilimitado y logró compensar totalmente la “insuficiencia de la demanda agregada”.

En el mismo sentido argumenta Gregory Mankiw, quien ha propuesto rebajar las tasas aún por debajo de cero.

Lo cierto es que, “a pesar” de las políticas que Krugman y Mankiw proponen y Obama practica, la economía está completando su ajuste, tal como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek anticiparon en la primera mitad del siglo pasado. Los diarios nos muestran día a día cómo los mercados inmobiliario y bursátil se destruyen, mientras que el desempleo alcanza cifras récord.

Pero si el ajuste se está completando, si las burbujas se desinflan, ¿qué podemos decir de los planes de estímulo? Podemos señalar, en todo caso, que “afortunadamente” son insuficientes, que tales políticas juegan un rol importante en lo social, como contención del descontento popular, pero que no han podido evitar el reajuste del mercado.

Este reajuste es doloroso, pero sano. Es igual que una resaca para quien ha bebido demasiado. Completado el ajuste, si es que hemos aprendido la lección, debemos emprender un camino diferente al que desembocó en esta depresión.

Bernanke es uno de los primeros que se ha animado a conjeturar una posible fecha en que la crisis toque fondo y comience la recuperación. Pero 2010 parece más una expresión de deseo que el resultado de un análisis económico profundo.

¿Cuentan los economistas con herramientas para predecir cuál es la fecha en que terminará la crisis? Desde la Escuela Austríaca posiblemente no. Mises y Hayek nos han enseñado que la profundidad de la crisis dependerá del mercado, del ajuste que este necesite para liquidar los errores cometidos en el pasado, y fundamentalmente, de las expectativas de los consumidores.

¿Es consciente Bernanke de esto? Si así fuera, ¿estará intentando crear expectativas de que la crisis está llegando a su fin?

¿EN UN SISTEMA DE BANCA LIBRE, EXISTEN LÍMITES A LA EXPANSIÓN DE MEDIOS FIDUCIARIOS POR PARTE DE LOS BANCOS? Free Banking versus Teoría Cualitativa del Dinero

En la revista digital No. 13 que la Fundación Hayek publicará hacia fines de abril, Nicolás Cachanosky sintetiza la teoría

del Free Banking defendida por Lawrence White y George Selgin. Allí afirma:

“[B]ajo un régimen de free banking ningún banco puede expandir su oferta de billetes sin sufrir las consecuencias de la mal asignación de recursos en el mercado. Si no corrige su actitud velozmente, la pérdida de confianza por la merma de reservas los hará salir del mercado dejando su lugar a otros bancos emisores con mejor manejo de la oferta de billetes.  Este es el efecto descripto por la llamada Ley de Gresham: en un mercado libre la moneda fuerte desplaza a la débil.”

Nicolás está haciendo referencia, de alguna manera, a los límites que el mercado impone a la expansión monetaria y crediticia –sin respaldo- por parte de los bancos, tal como Ludwig von Mises lo explicara en su Tratado de Economía “La Acción Humana”.

Este mismo número de la Revista digital, incluye también un artículo de Antal Fekete, quien inspirado en Adam Smith y Carl Menger desarrolla lo que hoy se conoce como la “Teoría Cualitativa del Dinero”.

Fekete explica que en un sistema de Free Banking (con Patrón Oro) no habría tales límites a la referida expansión. En sus propias palabras:

“Por tanto la iliquidez bancaria generalizada no es una situación que se autocorrija sino que se agrava en el régimen de patrón oro, produciéndose un círculo vicioso: la iliquidez motiva retiradas de depósitos, haciendo a los bancos aun más ilíquidos, causando más retiradas, etc. El proceso termina con una gigantesca liquidación de todo el crédito malo, que continúa hasta que la mayoría de los bancos (supervivientes) vuelven a ser líquidos otra vez.”

MISES VS. KEYNES

Nunca he tenido ninguna animadversión contra Keynes. Siempre he destacado los buenos recuerdos personales que Hayek tiene hacia él, y he subido aquí mismo una nota sobre su pensamiento filosófico de la mano del libro de Ricardo Crespo, afirmando similitudes epistemológicas con los austríacos hasta ahora muy inexploradas. Pero en la parte monetaria, siempre me voy a inclinar por la posición Mises/Hayek sobre la teoría del ciclo. Pero hay un aspecto de esta última cuestión que habitualmente no se discute. La pregunta es: ¿hasta qué punto no hay un debate Mises/Keynes anterior al debate Hayek/Keynes? Fue tal vez un debate menos altisonante, más silencioso, pero no por ello menos importante. Baste recordar cómo comienza el punto III del apéndice I de la famosa Teoría General: “…El profesor von Mises ha propuesto una teoría peculiar de la tasa de interés y de él la han tomado el profesor Hayek y también, según creo, el profesor Robbins; de acuerdo con esta teoría las modificaciones en la tasa de interés pueden identificarse con la de los niveles relativos de precios de los bienes de consumo y los bienes de capital” (aquí Keynes cita (cita nro. 9) nada más ni nada menos que a la Teoría de la moneda y el crédito). Y sigue: “…No está claro cómo se llega a esta conclusión….”, y a continuación trata de exponer la posición de Mises. Puede el lector seguir leyendo a Keynes allí y preguntarse: ¿no está claro o a él no le quedó claro? Mises dirá en sus Notes and recollections, de 1940, que cuando Keynes criticó su teoría, en 1930, admitió que su conocimiento del alemán no le permitían comprender ideas nuevas en ese idioma, autoconfesión que Mises toma con obvia ironía y que cualquier lector podría utilizar para comprender por qué para Keynes “no estaba claro” cómo Mises llegaba a sus conclusiones. Pero en mi opinión no era cuestión de idioma, sino de inconmensurabilidad de paradigmas. Keynes estaba formado en Marshall y Pigou y no tenía idea de Menger y Bohm-Bawerk. Y epistemológicamente fue precisamente su incomprensión del orden espontáneo de los procesos sociales lo que lo llevó a postular una solución aristocrática-planificadora para las crisis monetarias. Creo que eso fue clave, porque la teoría del ciclo de Mises era límpidamente monetaria, mucho más que las teorías heyekianas de los procesos inter-temporales de producción. En Mises la clave era el papel coordinante que jugaba el mercado libre de capitales, y la descoordinación que se producía por la emisión de medios fiduciarios que terminaban en la 2da fase del ciclo apenas se producía la “huída hacia valores reales”. Pero, paradójicamente, a pesar de los paradigmas tan diferentes, eso hubiera sido, tal vez, más sencillo de entender para alguien formado en temas monetarios como Keynes. ¿Hasta qué punto las teorías de Hayek no complicaron, más que facilitaron, el tema para el mismo Keynes? Dejo a los lectores la respuesta…

Gabriel Zanotti

MISES Y POPPER

Les propongo un nuevo debate: mis “muy opinables” opiniones  sobre Mises y Popper en http://www.hayek.org.ar/new/images/fotos/NOMOI05RevistaDigitalD2.pdf pp. 19-22.  Se los transcribo completo para mayor facilidad:

MISES Y POPPER

Por Gabriel J. Zanotti

Para “NOMOI”

Febrero de 2009.

  1. Introducción y metodología a usar.

Ultimamente se han escrito interesantes propuestas de acercamiento entre el pensamiento de dos grandes pensadores que, “a priori”, no parecerían tener nada que ver: Mises y Popper. Al menos, de lo que he podido ver recientemente, así lo testimonian las reflexiones de Ivo Sarjanovic, Francesco Di Iorio, y Rafe Champion. Dado que Mises y Popper son dos autores a los cuales he dedicado gran parte de mis estudios epistemológicos, quisiera, como intentio auctoris, poner mi granito de arena en la cuestión, que espero que no sea, en la intentio lectoris, un granito de confusión.

Pero precisamente, de intentio auctoris (lo que el autor quiso decir) y de intentio lectoris (lo que el lector lee) se trata la metodología que vamos a utilizar en ese breve artículo. Muy influenciados por gran parte de la hermenéutica actual (Eco, Gadamer) confesamos nuestro gran escepticismo sobre lograr la certeza de lo que un autor quiso decir, o al menos como habitualmente se lo intenta (no nos estamos refiriendo a ninguno de los autores citados), esto es, con citas textuales que estarían ellas mismas libres de interpretación, como si la historia del pensamiento lograra aquella “base empírica” que el primer inductivismo pretendía, libre de teoría. Imposible. Pero ello no es una mala noticia: conduce simplemente a otro tipo de intentio, la intentio lectoris, donde el lector es, por un lado, conciente de que nunca sale de conjeturas interpretativas, y, por el otro, la lectura de un autor se realiza para solucionar algún problema real más que cuestiones nominales. Y que si podemos inclinarnos de la conjetura a la certeza, en algún autor, es porque hemos habitado su casa (Heidegger) cosa que poco tiene que ver, otra vez, con un positivismo de textos de su pensamiento. Si con esto estamos rompiendo normas habitualmente practicadas (Feyerabend) es porque pensamos que ello es clave para el progreso; asumimos el riesgo de un programa de investigación regresivo (Lakatos) y agradecemos a las autoridades de NOMOI que nos permitan tan insólito procedimiento. Por lo tanto, de aquí para el final el lector no verá ninguna cita textual ni de ningún otro tipo.

  1. Situación histórica de ambos autores.

Si los autores que intentan reconciliar las diferencias entre ambos autores tienen que trabajar tanto es que son, efectivamente, muy diferentes.

Mises no salió nunca de su formación básica en las “ciencias del espíritu” al estilo Weber –autor clave para entender históricamente a Mises-. Su paso por Menger no sólo enfatizó su metodología de trabajar los conceptos básicos de la teoría como eje central de cualquier ciencia social, sino que además corroboró para siempre sus dos “enemigos” básicos: el positivismo, por un lado, y el historicismo, por el otro, contra el cual siguió luchando hasta su penúltimo libro en 1957, cuando ya la batalla contra el historicismo alemán formaba parte de la historia del pensamiento. Siempre consideró que el inductivismo era posible en el ámbito de las ciencias naturales y heredó del neokantismo weberiano el rechazo a toda metafísica.

Popper, nacido 21 años después en Viena, habitaba otro mundo (“mundo” en el sentido Husserl/Gadamer). Su marco de referencia, en sus primeros 40 años más o menos, fueron las ciencias naturales, la matemática, el positivismo del Círculo de Viena, y sus primeros enfrentamientos con una de sus tesis centrales, a saber, la inducción. Los temas sociales aparecen en su horizonte, al menos en cuanto a lo académico (no en cuanto a lo vital) entre 1942 y 1944, cuando escribe La Miseria de Historicismo y la famosa Sociedad Abierta. El lugar que sigue ocupando allí lo conjetural no parece tener mucho que ver con las fuertes certezas misianas tanto en lo económico como en lo político, y las preocupaciones posteriores de Popper son, sobre todo, el afianzamiento de su propio método, por un lado, sus preocupaciones respecto al evolucionismo, la teoría cuántica, el mundo 3, el universo abierto y, por el otro, sus debates con Kuhn, Lakatos y Adorno.

Es relativamente obvio, al menos a primera vista, que los horizontes de ambos autores no se cruzan y que una mínima noticia que tuvieran el uno del otro iba a generar obvios malentendidos.

  1. La interpretación habitual de ambos.

Pero, para colmo, ambos autores han generado discípulos que enfatizan aspectos de sus pensamientos que son demasiado contrapuestos. De Popper es habitual enfatizar la conjeturalidad del conocimiento humano, por un lado (como base tanto de su epistemología como de su filosofía política) como la importancia del testeo empírico, no como inducción pero sí como falsación. El Popper de la ética del diálogo casi no se menciona (Artigas y Boland podrían ser excepciones) y varios de sus discípulos consideran a Kuhn, Lakatos y Feyerabend más o menos como símbolos de la degeneración epistemológica. En el caso de Mises, creo que la “interpretación Rothbard” es lo habitual. La certeza del conocimiento humano, tanto en su punto de partida como en su punto de llegada, no admite ninguna hipótesis auxiliar en el medio, el testeo empírico no tiene nada que hacer en ciencias sociales y si de ciencias naturales se trata, la inducción logra la certeza dado que hay constantes. Método axiomático-deductivo en ciencias sociales, método inductivo en ciencias naturales, certeza en ambos. Por el lado de Popper, método hipotético-deductivo en todas las ciencias, conjeturas en ambos. Obviamente, ambos grupos de discípulos han formado dos iglesias, como diría Feyerabend (la iglesia popperiana y la iglesia misiana) donde la excomunión mutua es obvia y donde varios discípulos claman por el legítimo derecho al pontificado y las auténticas interpretaciones de las auténticas enseñanzas del mesías.

  1. La ambivalencia de sus escritos.

Pero para colmo de problemas, los “extremistas” de ambos autores pueden encontrar en ambos citas textuales que aparentemente corroboran su interpretación. Sería muy interesante, y digno del método que no estamos siguiendo, la lista completa de citas donde Mises entroniza la certeza de los puntos de partida, de la deducción y de las conclusiones en economía, y la compara con las matemáticas. Y los textos más fuertes al respecto no son en obras marginales; son en La Acción Humana y en las dos específicamente dedicadas a la epistemología de la economía: Epistemological Problems y The Ultimate Foundation. Por el lado de Popper, los textos que enfatizan la conjeturalidad como eje central del conocimiento humano –no sólo de la física- son incontables; de igual modo sucede con los textos que hablan de la importancia de la falsación empírica.

Por supuesto, lo interesante es que al lado de esos textos tenemos otros textos que parecen o moderar, o poner en tensión, o enriquecer, o hacer inconsistente, (allí cada lector dirá…..) al pensamiento del autor. En el caso de Mises, sus referencias a las “condiciones del mundo real” han sido la cruz de sus intérpretes, sobre todo porque él mismo las coloca como condición para seguir deduciendo…. Su referencia a las tendencias (no necesarias) de los empresarios para explicar el proceso de mercado, a los factores psicológicos (no praxeológicos) en el caso de los sistemas bancarios; al manejo de las expectativas para la teoría del ciclo…. Y eso para hablar de la parte teórica: en sus escritos de coyuntura, los “lost papers”, como asesor de la Cámara de Comercio Vienés, sus referencias a la realidad concreta, incluso con números, son permanentes, de igual modo que en su seminal libro La Teoría de la moneda y el crédito, sin aclarar, por parte de Mises, si ese “enroque” con las circunstancias concretas son condición necesaria para la elaboración y-o corroboración de la teoría. De igual modo sucede en sus propuestas específicas de política económica, como en su propuesta de reforma monetaria del 52 o en su propuesta de reforma para México, del 43. Claro que cualquier “misiano practicante” nos puede decir que…. Pero el asunto es que el texto no lo decía….

En el caso de Popper, idem. Sus referencias a sus propios programas metafísicos de investigación, la no falsabilidad empírica de los mismos y la certeza de los mismos (me refiero a la certeza y no falsabilidad empírica del realismo, del libre albedrío, del mundo 3, del indeterminismo, de la lógica…); su famoso principio de racionalidad en ciencias sociales; su ética del diálogo, su actitud racional como mandamiento moral, su importantísima referencia a la interpretación como carga de teoría de toda base empírica (tema al cual volveremos)…. Son todos temas que parecen alejarse del Popper unívoco de conjeturas y refutaciones, que parecía casi sólo a Hempel excepto en la falsabilidad. De vuelta: ¿riqueza de pensamiento o mera inconsistencia? ¿Qué “texto” puede responder la pregunta?

5. Motivos de la ambivalencia.

¿Pero por qué, en ambos casos, esa “doble personalidad”, que tanto desconcierto puede llegar a causar? Creemos que, en ambos casos, los autores visualizaron una interacción entre “teoría y mundo” mucho más profunda que lo que sus herramientas linguísticas (heredadas a su vez de sus horizontes históricos, punto 2) les permitían explicar y expresar. En el caso de Mises, había un manejo de la realidad concreta al estilo Menger, donde la definición del concepto en cuestión era condición necesaria para poder manejarse en el mundo real de fenómenos complejos (“fenómenos complejos” es expresión de Mises, en La Acción Humana). Por eso se maneja después con tanta comodidad como economista de coyuntura. En el caso de Popper, la afirmación de que toda experiencia “empírica” (sea ello lo que fuere) está cargada de teoría lo lleva a una concepción de las ciencias donde éstas siempre deben manejarse con una teoría “a priori”. Esta es la coincidencia fundamental, no intentada, entre ambos autores, y que Sarjanovic, Di Iorio y Champion no se cansan de resaltar. O sea, ambos autores sostienen que toda teoría es “de algún modo” a priori. Pero, al defender esa posición, no advirtieron (ambos) que se estaban introduciendo en el eje central de una fenomenología y una hermenéutica que, si la conocían, lo era desde los preconceptos negativos que las metafísicas continentales les inspiraban. Vayamos entonces al siguiente punto.

  1. El salto hermenéutico en ambos autores.

Comencemos por lo más sencillo. Mises dice que el testeo empírico es imposible en ciencias sociales. Obvio, porque se estaba refiriendo al testeo empírico tal cual el inductivismo lo entiende, que es imposible comenzando por las ciencias naturales. Boettke y Ebeling habían visto esto con claridad, cuando tiempo atrás se dedicaron a estas cosas llevados de la mano hermenéutica por Lachmann y Don Lavoie. Y Popper, desde luego, hubiera coincidido. Si por testeo empírico se entiende que una inducción hará posible la “prueba” de la hipótesis, ello es imposible en todas las ciencias. Hayek recoge explícitamente esta enseñanza en su prefacio a Studies de 1967.

Pero, se me dirá, Popper sostiene el testeo empírico como falsación. Si, claro, pero ese testeo empírico: a) tiene una base empírica que ya está interpretada por la teoría que se quiere falsar (círculo vicioso o….. Círculo hermenéutico?), b) no es necesario desde un punto de vista lógico. Cuando Popper se defiende de las acusaciones de falsacionismo ingenuo (lanzadas sobre todo por los niñitos malos Kuhn, Lakatos y Feyerabend) afirma la misma tesis Duhem que nada simpática le resultaba en sus primeros tiempos. La falsación no es necesaria porque es la negación de un conjunto n de n conjeturas + n condiciones iniciales. Entonces, ¿qué pasa con el testeo empírico? Popper no pudo llegar más allá. Lakatos intentó distinguir un programa empíricamente progresivo de otro regresivo, pero ante las incisivas críticas de su amigo Feyerabend tuvo que reconocer que uno podía permanecer en un programa de investigación regresivo “siempre que reconociera el riesgo”, con lo cual Feyerabend tuvo más argumentos para lo suyo: no se trata de testeo empírico, sino de proceder contra-inductivamente, de re-interpretar el mundo según una teoría que “nos parece” correcta. Pero ello no es muy diferente de la hermenéutica continental: el horizonte de precomprensión constituye al mundo; no podría ser “refutado” por él. Que toda teoría es a priori es, en ese sentido, como decir que no hay hechos desnudos de interpretación. Siempre “vemos” a través de una teoría (Husserl); “mundo” (Husserl); “horizonte” (Gadamer), que Popper llamó “conjetura”, Kuhn “paradigma”, Lakatos “programa” y Feyerabend “proceder contrainductivo”. Si no, estamos ciegos. Toda teoría, claro, se puede “criticar”, “contradecir”, desde otra teoría. Pero, ¿no es acaso ello algo que Mises hubiera aceptado respecto de los axiomas y-o de la cadena deductiva? ¿No fue acaso esa la defensa que Machlup hace de Mises cuando Hutchison acusa al aprirismo de dogmático e ideológico? ¿Y no es acaso lo que el último Popper afirmó permanentemente de la racionalidad crítica y de la actitud dialógica?

Esto último es importante, porque toda visión del mundo puede ser criticada pero no necesariamente. Los horizontes, los mundos, los paradigmas, las creencias (Ortega) no se critican a sí mismos. Ello no es mala noticia desde el punto de vista de que por eso entran en crisis (Kuhn). Pero desde un punto de vista ético, entonces sí son importantes estas distinciones: actitud natural y actitud teorética (Husserl); comunicación, comprensión, de horizontes (Gadamer), actitud dialógica (Popper). Ese es el legado perenne de Popper: incorporar la crítica en nuestras concepciones del mundo. Y en ese sentido tiene razón Boland: es más importante el Popper socrático que el Popper metodólogo.

Pero, retomando, no hay testeo empírico como hechos vs. teorías, incluso en el sentido de aquella falsabilidad empírica del primer Popper, ya afortunadamente “advertida” por el mismo Popper de ser “theory-laden”. Lo que hay es teoría y crítica de la teoría desde la propia teoría o desde otra. Eso es lo que hizo Copérnico con Ptolomeo. No hay “hechos” que verifiquen o refuten teorías. La ilusión óptica de lo contrario se produce porque no advertimos la interpretación del mundo social y físico que permanentemente hacemos a partir de nuestros horizontes teoréticos. Pero ello era obvio para la hermenéutica continental, con la cual Mises y Popper estaban lamentablemente incomunicados (y viceversa), y es lo que Koyré y Kuhn se pasaron explicando toda su vida para las ciencias naturales.

Por lo tanto, lo que une totalmente a ambos autores es que ambos vieron, con las limitaciones de su propio paradigma, un tema hermenéutico central, y no tuvieron ningún problema en dar ese “salto hermenéutico” que los colocó a ambos muy por afuera y por delante de su propio tiempo. Lo mejor que podrían hacer sus seguidores es continuar ese camino, más que convertirse en pontífices de nuevas religiones académicas.

EL ORDEN ESPONTÁNEO, ¿ES INTUITIVO?

Hace tiempo que me estoy planteando esta cuestión y ya van dos veces que contesto “no”.

Ante todo lo que quiero decir: la idea hayekiana de orden espontáneo, ¿es fácil de ver? ¿Es sencillamente comprensible para cualquier persona, altamente educada o no, que NO haya conocido la obra de Hayek?

Mi respuesta ha sido siempre “no”.

La primera vez que lo dije fue cuando comenté la autobiografía de Carlos Sabino, donde él mismo cuenta el largo camino que tuvo que recorrer para ir hacia el liberalismo clásico desde otros paradigmas altamente sofisticados. Tuvo que hacer una revolución mental similar a la revolución copernicana, que fue pasar del paradigma ptolemaico al paradigma copernicano. Nada intuitivo, por cierto, requirió un gran esfuerzo personal.

La segunda vez fue hace poco, en la revista digital “Controlando al Leviathan”, donde me preguntaba “qué pasa” con las ideas liberales. El lector lo puede ver en http://www.hayek.org.ar/new/es/temp_novedad.php?idcontenido=1049&PHPSESSID=668e178187ffba84bc285c83b0bb8aea

Lo dije también en el libro “Elementos de Economía Política”, junto con Adrián Ravier y Martín Krause, cuando deslicé una hipótesis de psicología infantil sobre la dificultad de visualizar el fenómeno de la escasez. Referí allí a la escena infantil habitual de los niños peleando por una misma cosa y el padre poniendo “orden” y “repartiendo” o “racionando” las porciones correspondientes. Lo primero que tenemos en nuestra memoria es, habitualmente, a un “padre” aplicando la justicia distributiva. Los niños dicen habitualmente, hasta cierta edad, “dame de tomar”, hasta que, claro, ellos mismos abran la heladera y se sirvan. Pero ello no va a implicar que en su madurez vean al orden espontáneo, al estilo “yo, un lápiz” que conlleva el conocimiento concentrado de ese mismo artefacto, más su producción y comercialización (y a eso agreguemos: suponiendo que la heladera esté llena….). Es más, posiblemente breguen por un “derecho a la heladera”….

Pero mi hipótesis es algo muy simple, pues se trata de un simple recuerdo a nivel consciente. Lo más invisible son precisamente los procesos evolutivos del yo que conducen a un complejo resultado explicado por Freud. Esto es, como un resultado de la ambivalencia de la figura paterna, introyectarla, convertirse en el padre, y luego proyectarlo sobre otra imagen paterna sustituya que se da en el “jefe de la horda”. Cuanto más débil es el yo, es más probable que realice este proceso identificatorio inconsciente como un síntoma de una relación con el padre mal elaborada. Y eso explica, como bien lo dice Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” [1921] la mayor parte de los fenómenos de masas.

No es la única explicación, desde luego, y no se aplica a todos los casos, desde luego, pero cuando pensamos en los fenómenos de masas asociados a los diversos autoritarismos y totalitarismos, da algo de luz. Pero no sólo en esos fenómenos, sino también en los populismos latinoamericanos o en las democracias anglosajonas, se dan igualmente fenómenos de liderazgo social donde las masas depositan en un líder sus aspiraciones más profundas, y le siguen pidiendo al “líder” el “otorgamiento” de ciertas condiciones de vida que ni se les ocurre que, precisamente, jamás de un líder, sea quien fuere, podrían proceder….

¿Dónde está allí la idea de orden espontáneo?

A partir de aquí podríamos seguir. ¿Qué hacer entonces? Pero lo que quiero ofrecer para el debate es mi diagnóstico. ¿Estoy equivocado? La verdad, ojalá, porque en ese caso la comprensión de lo que Hayek –y toda la EA- intentaron decir sería más fácil. Pero parece que no es así. Aunque haya en las sociedades órdenes espontáneos, la “idea” (no la “creencia”) del orden espontánea NO es espontánea. Y, sobre todo, en los momentos de crisis, como en los actuales, tal vez menos, donde las gentes miran nuevamente desesperadamente al “padre” que “podrá orden”….

¿Estoy equivocado? Espero las respuestas. Me dirán que si no estoy equivocado las conclusiones no son precisamente optimistas….

Gabriel  Zanotti.

Greenspan: ¿fue el causante de la crisis?

ver

http://www.institutoacton.com.ar/articulos/jrallo/artrallo1.pdf

Salvar o no salvar a los bancos, esa es la cuestión

Si uno no hace un correcto diagnóstico de un problema, jamás encontrará una solución al mismo. Dirigentes políticos y académicos de renombre están proponiendo nacionalizar la banca americana. Obama ya empezó a emprender este camino nacionalizando parcialmente el Citibank. Paul Krugman y Nouriel Roubini, prestigiosos economistas, recomiendan al gobierno la nacionalización. ¿Qué respuesta ofrecemos los defensores de la Escuela Austríaca de Economía? ¿Qué recomendación daríamos los austríacos ante esta situación?